Víctimas de una Akuma no Mi Dia2 Noche

Roronoa también era un vagabundo aventurero como yo, la diferencia era que él no sabía donde lo llevaban sus pasos. Ya cayó la noche cuando me fui del bar, y todavía estaba comiendo. No se cuantos kilos de alimento podía aguantar semejante cuerpo, pero tenía por seguro que ese superaba el límite en creces. Aún recuerdo la conversación que tuvimos después de que dijera mi nombre completo en voz alta:

– ¿Qué ocurre, Roronoa? -Pregunté también en voz baja, para que los piratas no se dieran cuenta de mi presencia.
– ¿Vas a cazar a estos piratas?

Desde hace un tiempo que me había dedicado a cazar los piratas que me encontraba porque no tenía trabajo fijo y siempre iba bien dinero de sobra. Pocos sabían mi oficio, pero los rumores corren rápido entre cazarecompensas y entre piratas.

– Quizá… -Respondí misteriosamente metiéndome un bocado de carne en la boca.
– Si los cazas, Nico Robin, yo te cazaré a tí, y no será agradable.

Me detuve tan solo unos segundos para observar el asesino brillo de sus katanas, pero luego seguí con mi normalidad. Me sorprendió el sentimiento con que dijo esas palabras, ira, odio… Podía darse porque tuviese un vínculo interesado con ellos, ya que un vínculo sentimental sería bastante poco probable. No veía algo así en ese rostro tan frío…

El pueblo estaba cerca, apenas a un kilometro de distancia del bar, ya me acercaba mucho más a la costa. Cuando vi su entrada de la montaña, me fijé que no era un pueblo, sino una ciudad; recordé sus calles recubiertas de pavimento y piedras grisáceas: Loguetown, la ciudad donde nació y murió el Rey de los Piratas, Gold D. Roger. Pocos sabían que tenía el misterio de la D en medio del nombre…

Las calles estaban llenas de gente, eso que el cielo todavía estaba teñido de estrellas de madrugada. Por eso mismo, la mayoría de población que ocupaba el lugar durante esas horas eran piratas, saqueadores y bandidos entre gente que iba de fiesta por los lugares. Andaba entre la multitud escondiéndome de todas las posibles miradas conocidas y desconocidas.

Alguien me golpeó por la espalda, se me cayó la mochila que llevaba sobre mis hombros. Cuando la pude agarrar, me di cuenta de que fue un chico con un sombrero que corría rápidamente apartándose de todas las personas. Poco más tarde vi un pequeño escuadrón de Marines persiguiéndole; pero no podían alcanzarle. El chico era rápido deslizándose entre los cuerpos, a diferencia de la Marina que a gritos ordenaba a todo el mundo que se apartase. Los seguí apresurando mis pasos con rapidez. Tenían un cartel de recompensa en la mano, los distinguía enseguida… Concretamente, el nombre que había escrito era “Portgas D. Ace”, y era un chico con el pelo negro y sombrero grande, justo el que estaba corriendo delante de ellos.

Tenía otra D… Recordaba a ese pirata; uno de los mejores de la tripulación del gran Barbablanca. Estaba en tierra, en Loguetown, algo que me desconcertó.

Al llegar a la plaza central, lo primero que se veía era el gran altar de madera, elevado unos 20 metros, donde murió Roger. Ahora estaba rodeado de llamas y gritos de la gente.

Como por arte de magia, las nubes del cielo se acercaron tapando las estrellas y empezó a caer una espantosa tormenta; aun así, esa lluvia tampoco podía acabar con esas lamas. Había alguien encima del altar, los Marines lo señalaban desde yo y otra multitud estaba, apartados del fuego pero suficientemente cerca para observar lo que ocurría. El chico era Puño de Fuego Ace; tenía el torso descubierto, los brazos cruzados con posición de chulería y un gran sombrero; sonreía, aunque no le podía ver bien los ojos le vi la sonrisa.

Para ver completo este capitulo debes ir a Día 2 (Noche)

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